Recuperan la cripta de la iglesia de San Agustín de Tarragona después de décadas oculta

Las intervenciones arqueológicas sugieren que había dos cámaras, una usada por jesuitas y otra por agustinianos

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Imagen de la cripta grande de la iglesia de San Agustín de Tarragona (ELOI TOST / ACN)

La cripta de la iglesia de San Agustín vuelve a poder verse después de décadas oculta. Los trabajos iniciados en verano han permitido retirar los 60 metros cúbicos de rellenos que la tenían tapada y las investigaciones arqueológicas sugieren que las dos cámaras que se han localizado pertenecían a dos momentos diferentes: una de cuando los jesuitas gestionaban el templo entre 1700 y 1770, y la otra88 y 8, 8 y 8.

La retirada de material también ha permitido encontrar un segundo acceso directo desde la nave central de la iglesia así como los restos de al menos 31 individuos , mayoritariamente hombres pero también alguna mujer y un bebé. La voluntad es que el espacio sea visitable en un futuro cercano.

Constancia de la existencia de la cripta había, pero la intervención que se ha llevado a cabo en los últimos meses ha permitido encontrar un nuevo acceso, recuperar todo el volumen arquitectónico del espacio, descubrir que en realidad eran dos cámaras diferenciadas y poder recuperar restos óseos de sepulturas. «Hemos pasado de tener una cripta colmatada de materiales a tener una en la que podemos observar no solo la arquitectura, sino los accesos originales y entender mejor cómo funcionaba», ha explicado Roser Martín, secretaria técnica para el Patrimonio Inmueble del Arzobispado de Tarragona.

Por lo que respecta a los accesos, de lo que se tenía constancia es de lo que da al altar y que daba a la llamada «cripta pequeña», que sería posterior en el tiempo, y que era la ocupada por los agustinianos. Ahora se ha encontrado lo que permite bajar a través de unas escaleras en la «cripta grande», donde estaría enterrados miembros de la comunidad jesuita, y anterior en el tiempo.

Entierros

Conjuntamente han podido documentar «35 espacios de entierro», de los cuales, seis nichos en la cripta pequeña, 27 entierros a la grande y dos entierros verticales en cavidades de intramuros. Asimismo, se ha localizado un vaso funerario que tenía las funciones de osera, con un número todavía indeterminado de cuerpos. "La práctica totalidad de estos entierros se encontraban sin tapa, las tapas habían desaparecido", ha explicado Martín, por lo que tienen la evidencia de que "en algún momento de la historia" fueron profanadas.

Por todo ello, se están manteniendo conversaciones con la administración para poder trasladar y analizar todos los restos, ya que algunos de los huesos continúan en la cripta. La humedad, el paso del tiempo, los saqueos y los escombros han hecho que se encuentren en estado de «cristalización», por lo que el traslado será muy delicado. «Si los tocas, se deshacen», enfatizó la arqueóloga.

Paralelamente, la voluntad es poder investigar quiénes eran estas personas. Por la forma en que estaban enterrados, los investigadores consideran que eran jesuitas y agustinianos. «En la cripta grande -la de los jesuitas- los cuerpos están en posición horizontal, con las manos cruzadas en el pecho, llevan un hábito de color negro y un calzado sencillo; en la pequeña hay nichos que serían de la comunidad agustiniana», ha detallado Martín. Sin embargo, la presencia de restos que apuntan a que serían de mujeres también les hace bailar en la cabeza. Una de las hipótesis es que se hubiera enterrado alguna benefactora o persona estrechamente relacionada con la comunidad, si bien en aquella época «en las iglesias se enterraban gente importante y curas». También se han localizado restos de un bebé de aproximadamente un mes y medio de vida.

El material que ocupaba el espacio de la cripta y que ahora se ha extraído, la arqueóloga no le considera escombros, sino relleno, debido a que son materiales que por su heterogeneidad aportan información arqueológica e histórica. Así, se ha podido constatar que son de épocas diferentes, y entre lo que se ha recuperado se encuentran elementos bélicos como un cañón de fusil o balas, y revestimientos que apuntan a ser restos de una antigua reforma de la iglesia. Los expertos tienen la hipótesis de que esto podría deberse a que el edificio anexo antiguamente fue el claustro de un convento que posteriormente se convirtió en cuartel militar y que actualmente es la sede de la ONCE. "Es pronto para relacionar estos materiales con los distintos contextos históricos, se está estudiando", ha subrayado Martín.

objetivos

Ignasi Durany, párroco de las parroquias de San Francisco y San Agustín de Tarragona, ha explicado que cuando empezaron la intervención se plantearon tres objetivos. El primero, estructural y de mantenimiento -"era un foco de humedad", ha dicho-. El segundo, de tipo cultural e histórico, y el tercero "de tipo ético". «La primera vez que bajé hace nueve años y vi las sepulturas profanadas pensé que teníamos que arreglarlo», ha reconocido.

Una vez que se hayan podido trasladar los restos humanos e investigarlos, en la cripta se quieren realizar algunas mejoras en cuestiones de seguridad. La voluntad final es abrirlo al público y que sea visitable. El vocal de la Agrupación de Asociaciones de la Semana Santa de Tarragona, Francesc Seritjol, ha apuntado que de cara a 2028 quisieran que se pudiera acceder tanto a la cripta como a la parte superior de la iglesia, que también está en fase de mejora.

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