“Cronos”: Cuando informar también es actuar

carla cervera

Carla Cervera

Hay películas que cuentan una historia y otras que logran transportar al espectador a un momento que la sociedad aún no ha acabado de digerir. Cronos , dirigida por Fernando González Molina, es de este segundo grupo. La película nos devuelve al 17 de agosto de 2017, en los atentados de Barcelona y Cambrils, pero lo hace desde una mirada que va más allá de los hechos conocidos y pone el foco en las personas que tuvieron que tomar decisiones en medio de la incertidumbre.

El título de la película ya da una pista. Cronos era el nombre del dispositivo activado por los Mossos d'Esquadra frente a un atentado terrorista, pero el tiempo que marca la película no es solo el de una operación policial. También es el tiempo de la información: lo que pasa entre saber algo y poder contarlo. El margen que tiene un periodista o, en este caso, una responsable de comunicación antes de que el vacío informativo sea ocupado por los rumores.

Es ahí donde el personaje de Daniela, interpretado por Diana Gómez, me parece especialmente interesante. Ella es la jefa de comunicación de los Mossos y asume una responsabilidad que a menudo queda en un segundo plano cuando pensamos en un atentado: comunicar también forma parte de la respuesta a una crisis. El personaje, inspirado en buena parte en Patrícia Plaja, muestra la dificultad de gestionar la información mientras los hechos todavía se están desarrollando.

Su figura permite entender que, en una situación de crisis, informar también es actuar. Decidir qué se puede confirmar, qué todavía no y cuál es el momento adecuado para comunicarlo, se convierte en una tarea tan delicada como necesaria. Y es aquí donde Cronos plantea una de las cuestiones que más me ha hecho reflexionar: ¿qué ocurre cuando la necesidad de informar de inmediato choca con la responsabilidad de no generar más confusión?

En el actual ecosistema informativo, dominado por las redes sociales y la inmediatez, esta cuestión resulta especialmente actual. La película pone sobre la mesa una idea que a menudo olvidamos: el silencio también comunica, pero una información incorrecta puede hacer mucho más daño.

Cronos también logra que el espectador perciba la distancia entre lo que nosotros sabemos ahora y lo que sabían las personas que vivieron esas horas. Nosotros conocemos el desenlace porque forma parte de la historia. Los personajes, por el contrario, avanzan sin tener todas las respuestas. Esta incertidumbre es una de las sensaciones que mayor peso tiene durante la película y hace que la historia no se perciba simplemente como una reconstrucción de unos hechos ya conocidos.

La película evita convertir los atentados en una sucesión de titulares y esto también tiene una dimensión periodística. Los medios tuvieron un papel fundamental en aquellos días, pero Cronos permite observar qué había detrás de esa información que llegaba a la ciudadanía: profesionales intentando ordenar el caos, comprobar datos y comunicar en medio de una situación extraordinaria.

Como espectadora y futura comunicadora, he encontrado especialmente interesante esta dimensión porque obliga a mirar lo ocurrido desde otro lugar. No sólo desde quien actúa sobre el terreno, sino también desde quien debe explicar qué está pasando y quizá sea esta una de las reflexiones que más me llevo de la película: en una crisis, informar no es sólo explicar la realidad también es una manera de intervenir.

Sin necesidad de avanzar ninguno de los momentos clave de la historia, Cronos deja una sensación difícil de borrar. La de haber revisitado unos hechos que forman parte de la memoria reciente del país, pero desde una perspectiva que permite entender que detrás de un gran evento hay muchas formas de vivirlo y, sobre todo, muchas responsabilidades distintas.

Y, entre policías, investigaciones y decisiones, queda una figura que quizá no sea la primera que asociamos a un atentado: la de quien tiene la obligación de contarlo. Para mí, es precisamente aquí donde Cronos adquiere una dimensión especialmente interesante: cuando todo ocurre demasiado deprisa, saber informar también es saber detener el tiempo.

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