La Franz Schubert Filharmonia ofreció un concierto, bajo la dirección de Tomàs Grau, el pasado viernes 16 de enero
El concierto de la Franz Schubert Filharmonia, este viernes 16 de enero, en el Teatre Tarragona, bajo la dirección de Tomàs Grau, ofreció una velada marcada por el contraste y la vitalidad, con un programa dedicado a Leonard Bernstein y Philip Glass.
L'Overture de Candide' abrió el concierto con energía y espíritu teatral, estableciendo desde el primer momento un clima directo y comunicativo. A continuación, el 'Concierto para violín y orquesta núm. 1' de Philip Glass aportó un cambio notable de registro, con una escritura reiterativa e hipnótica que generó un espacio sonoro continuo, sostenido por el violín solista de Letícia Moreno, que articuló el discurso musical con claridad, continuidad expresiva y un fraseo atento al carácter hipnótico de la obra. En este contexto, destacaron las intervenciones del clarinete, el oboe, la flauta, la percusión y el arpa, que aportaron color y matices al discurso musical, con una pulsación rítmica marcada por el juego entre el tres y el dos, muy presente a lo largo de la obra. El trabajo conjunto de las distintas secciones contribuyó a mantener la cohesión y la tensión musical a lo largo de toda la partitura.
Tras esta obra, Letícia Moreno ofreció un bis íntimo con 'La nana', de Manuel de Falla , perteneciente al ciclo 'Siete canciones populares españolas', a compañera por la arpista Esther Pinyol, en un momento de gran delicadeza y sensibilidad que creó un diálogo muy cuidado entre el violín y el arpa.
El concierto se cerró con las 'Danzas Sinfónicas' de West Side Story, donde brillaron los solistas de la orquesta, con momentos especialmente relevantes como la cadencia de la flauta por su discurso musical, las intervenciones del saxofón, el piano y el vibráfono, el papel relevante de los metales —trompeta, violón y trombones. La percusión, muy presente a lo largo de la obra, sostuvo su impulso rítmico hasta el final.
El broche final fue un bis con la reanudación del 'Mambo', que acabó de confirmar la complicidad entre la orquesta y el público en un final enérgico y celebrado.